Un día en la Roma imperial

Me llamo Tito Primus y nací el año 832 ab urbe conditia (desde la fundacion de la ciudad) (78 d.C.). Gracias a los lares (dioses menores que ayudaban a las personas en su vida diaria) la vida me va muy bien, y de mi trabajo vivimos holgadamente mi familia y la de mi hermano.Archivo:Garum Mosaik Pompeji.JPG

Hace unos años tuve la buena idea de empezar a comerciar con “garum” (sabrosa pasta de pescado importada desde Hispania). Con los primeros beneficios adquirí una barca (cumba), que después paso a ser un barco (navis). Además, al poco tiempo, decidí comercializar yo mismo esta salsa. Ahora tengo una taberna (popinae) en el puerto fluvial y otra en el “Subura” (barrio populoso de Roma) donde mis clientes degustan platos sazonados con el aderezo estrella.

Hoy he tenido “un día de perros”. El barco procedente de Hispania, que trae toda mi mercancía, está a punto de llegar al puerto (portus) de Ostia. Así durante el día he tenido que contratar a varios patronos para que con sus barcas me acerquen por el Tiber las mercancías hasta el puerto fluvial de Roma.

Desde hace años vivimos en una insulae (casa de varios pisos) que compré con los ahorros conseguidos con la venta del garum. El edificio es muy grande.

Después de mucho pensar decidimos poner nuestras habitaciones en el piso de abajo, así si hay un incendium (incendio) podemos salir “pitando” (algo muy común en Roma). Las habitaciones del tercer piso de la insulae se las hemos arrendado a los viajeros que se acercan a la ciudad. El negocio sería redondo si no tuviera tantos problemas con los aquarii (encargados de subir el agua a las casas), los scoparii (limpiadores) y los ostiarii (especie de porteros-serenos), que no hacen más que que pedirme más sestercios (moneda romana) por sus servicios. Hoy tengo que discutir con uno de ellos sobre el precio que nos cobra. Aunque ya sé que al final no me quedará otro remedio que ceder y pagar. Cuando tenga una mejor posición nos instaleremos en una domus (casa) cerca de la de Publio Rutilio Rufo. (pulsa en la imagen para saber más)

Villa Romana

Esta mañana, el ruido de las caravanas transportando las mercancias por las calzadas del barrio me ha despertado. Desde que Cayo Julio Cesar promulgó el edicto que prohibía transportar mercancías durante el día por la ciudad de Roma, aquí no hay quien duerma con tanto ruido. Me he levantado al amacer (prima vigilia) y no he tardado mucho en preparame. Hoy ni me tocaba asearme ni cambiarme la ropa interior (indutus). Me he puesto la túnica y la toga porque hoy tenía que estar presentable para tratar un asunto con el patricio Flavio Julio.

Justo cuando iba camino de la cocina me he acordado de que mi primo ha montado una empresa de recogida de orines para fabricar detergentes y pasta de dientes, y me ha pedido que pruebe su dentrífico. Así que como no quiero discutir con mi tio me he lavado los dientes con la pasta. El sabor era un poco amargo pero te deja los dientes blanquísimos. ¡Igual tiene suerte el “inutil” de mi primo! Por la tarde me lo he encontrado en el Circo y le he dado las gracias, ademas de desearle que los lares le acompañen.

Al entrar en la cocina (coquina) casí despierto a mi mujer (domina). Dormimos pared con pared con la cocina, por eso de que es la más caliente. He llamado a los dos siervos (servus), que duermen en una cella (habitación) cercana, para que me preparen en desayuno (ientaculum). Digo que me quedan, por que anteayer Narciso me compró su libertad. Ha sido un momento muy triste por que llevaba muchos años con la familia. ¡En fin, que vamos a hacer!

Mientras uno de mis esclavos me preparaba las gachas de trigo que tanto me gusta; el otro ha ido a la despensa (promptuarium) a traerme un poco de pomum (fruta), dátiles, pan, queso y mel (miel).

Todavía era de noche cuando mis esclavos han terminado de desayunar las sobras. Les he pedido que me acompañaran por que a esas horas las calles estan llenas de maleantes y “amigos de lo ajeno”.

Cuando he salido de la casa, he empezado la salutatio (los clientes, los amigos y otro tipo de personas hacían cola en las puertas de las casas para rendir servicio o pedir favores). Les he dado la sportula (recompensa económica) y junto a mi corte de seguidores (deductio), me he marchado rápidamente a la domus de Flavio Julio Nasón. Llevaba prisa por que si no llego antes de las 10 (tercia vigilia) a su salutatio no hubiera podido pedirle un favor.

La domus estaba lejos; pero, en cualquier caso tenía un poco de margen. Como soy un simple cliente no entraré hasta el segundo turno (Secundae admissionis). ¡Siempre ha habido clases!

Para rematar el paseo de esta mañana, casi no llego, por que mientras iba caminando he notado que el desayuno hacía sus efectos y necesitaba entrar en un baño (latrinae). Y es que ahora está muy mal visto eso de que omnes mingentes ad parietem (todo el mundo mee en la pared).

Tras presentarle mis respetos a Flavio Julio me quedaba pasarme por el Foro para cobrar unos emolumentos y después ir al puerto fluvial para solucionar el tema de las ánforas. Resulta que las ánforas vienen cargadas de garum desde Hispania y luego no consigo quitarles el olor a pescado. Cuando la navus regresa a Hispania suele ir llena de mercancías para vender. Por eso no me sale rentable llevarmelas en el barco. Inicialmente habiamos pensado en llevarlas hasta el monte Testaceus (“Monte de las Tejas”- colina artificial de 40 m formada por más de 26 millones de ánforas rotas). Hace unos años el propio Trajano ordenó que todas las ánforas rotas acabaran en un solar detrás de los almacenes portuarios. Pero hoy esperando a mi amigo Claudio, se me ha acercado un emisario del propio Adriano y me ha dicho que si no las rompo posiblemente hagamos negocio. Le he dicho que ya hablariamos y él no me ha dado muchas más explicaciones.

A la hora de almorar (prandium)! Me he pasado por mi taberna para ver lo que se cuece. En una de las mesas he encontrado al grupo de Sabino. He aprovechado que estaban en mi taberna para sentarme con ellos e invitarles a una ronda; y así, entre vino y vino les he ofrecido el encargo de traer las mercancías desde Ostia hasta Roma. A la tercera jarra ya les había sacado un trato ventajoso. En un par de días arribará el barco y todo debe estar preparado.

Al mediodiía he comido de lujo, sobre todo pensando en el precio que he conseguido por el transporte; pero, con tanto pescado he acabado oliendo a rayos. Así que me he pasado por las termas (baños públicos) de Tito. Lo mejor ha sido meterme primero en la piscina de agua caliente (caldarium) y después, corriendo, en la psicina de agua fria (frigidarium). Me he quedado despejadísimo pero he pegado un grito que hasta yo me he asustado.

Sobre las 3 del mediodía (meridies) He quedado con los amigos en el Circo Máximo. Hoy era día de carreras. Desde hace años somos seguidores del equipo (factio) rojo, pero este año tenemos muy dificil ganar por que el equipo púrpura de la familia Flavia (dinastia de tres emperadores) está muy fuerte. Lo que teniamos claro es que pasase lo que pasase en las carreras no ibamos a protestar. Hace unos años, en tiempos de Domiciano, Vitelio ordenó que la guardia imperial asesinara a 50 personas que habían abucheado a su auriga preferido.

El sitio que nos ha comprado mi primo es excelente. Esta claro que no es lo mismo sentarse en los sitios gratuitos que en los de pago. Hoy en el circo había llenazo total. Uno de los guardias nos ha dicho que habían entrado cerca de 200.000 almas.

La carrera a siete vueltas ha empezado fenomenal. Nuestro auriga conducía la cuadriga como si fuera el propio Mercurio. Marco, Claudio y yo habíamos apostado por nuestro equipo. Pero en la cuarta vuelta el auriga de los Flavia ha hecho una maniobra brusca y nos ha encerrado en la spina (muro central del circo romano). Nuestra cuádriga se ha golpeado contra el muro y nuestro auriga ha salido despedido por encima de los caballos. Al final, ha ganado el equipo púrpura del antiguo emperador Domiciano (uno de los emperadores más crueles y menos querido) y todos hemos aplaudido no fuera a haber represalias.

Cuando volvía para casa me he pasado otra vez por el Foro y me he acercado a escuchar a un corro de personas que hablaban del nuevo emperador. Según decían Adriano no es del agrado del Senado. Parece ser que hace un par de años Lusio Quieto (protegido de Trajano y con deseos de ser emperador) y otros tres senadores organizaron un complot para asesinar a Adriano. Este, como es normal, se lo tomó “fatal” y les mando ajusticiar sin consultar al Senado. Así que el Senado, desde entonces, anda enfadado con el emperador. Cuando alguien iba a replicar este comentario ha aparecido un patrulla de doce pretorianos y la conversación ha cambiado de rumbo. Así que me he quedado sin saber si la historia era cierta o no. Tengo que decir que Roma es un continuo ir y venir de “dimes y diretes”.

Como estoy muy cansado les he dicho a mis esclavos que ya es hora de volver a casa. Ha sido un día muy largo para todos. Le he pedido al más joven que se adelante para avisar de nuestra llegada y para que tengan la mesa preparada.

Cuando he llegado mi familia me esperaba para la cena. Me he sentado sobre el triclinium (especie de sofa sobre el que se recostaban para comer o para hablar). De primero he comido unas verduras a la plancha y de segundo teníamos preparado una carne asada acompañada de unos esparragos trigueros, de postre me he comido una manzana. Al final de la cena me he servido un buen vinum (vino) con un poquito de agua, ya que es de barbaros tomarlo durante las comidas porque le quita sabor a los asados Junto a mi esposa, Antonia, hemos hecho un pequeño comissario (sobremesa) en el que le he contado todo lo que ha pasado durante el día. Mi mujer se ha acostado y yo me he quedado solo.

Ahora sentado sobre el triclinium estoy repasando el día tranquilamente y me ha dado por pensar en la oferta que me han hecho por las anforas rotas. Hace unos años se quemó el panteón de Agripa y el emperador Adriano ha decidido reconstruirlo. Según me han contado el aquitecto Apolodoro de Damasco necesita las ánforas y unas piedras volcánicas del Vesubio para “no se que” de la techumbre, que dicen va a causar sensación. No me imagino que van a hacer mis ánforas en un templo, con lo mal que huelen.

¡Salutem plurimam!

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5 respuestas a Un día en la Roma imperial

  1. Jorge dijo:

    Me refiero a la traducción de “me cago en la leche”: Ego cacas in lacte…
    No creo que la traducción de Google sea correcta…

    Algo parecido sucede hoy con los esclavos modernos, cuando nos salen más caros que los beneficios que nos proporcionan no hay más remedio que desprenderse de ellos… en España actualmente, seis millones, en el mundo, ni se sabe…

  2. eloviparo dijo:

    Realmente el desayuno era así. Ten en cuenta que si comían mucho ya no salía rentable tenerlos. Por cierto, ¿a que te refieres con que si está bien escrito?

  3. Jorge dijo:

    Un placer. La pobre leche siempre paga el pato… por cierto, ¿está bien escrito?
    Me carcajeé con el desayuno de los esclavos…

  4. eloviparo dijo:

    Gracias! Me alegro que te haya entretenido. Por cierto, que culpa tiene la leche para que te cagues en ella?

  5. Jorge dijo:

    Ego cacas in lacte ! Qué bueno !
    He pasado un buen rato y me ha gustado mucho…

    Felicidades Tito Primus

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