Alexánder Aliojin

Alexander Aliojin procedía de una familia noble de Rusia. Pero pese a lo que todos podriamos pensar, su infancia no fue muy sencilla.

Siempre hemos pensado en que los grandes maestros del ajedrez habían sido chicos hiperprotegidos por sus padres que les habían educado y entrenado para ser campeones de este deporte. en el caso de Aliojin sus padres desatendieron totalmente la educación de sus hijos. De hecho, Aliojin fue criado por su abuela. Su padre era ludópata y su madre murió alcoholizada en 1913. A pesar de todo Aliojin no descuidó su formación, aprendió varios idiomas y se licenció en Derecho.

Tras el estallido de la Revolución Rusa su situación se complicó más dada su condición aristocrática. En 1921 llego a Paris, adoptó la nacionalidad francesa y se apartó definitivamente de la dictadura comunista.

Aliojin pretendía disputar el campeonato del mundo a Capablanca. Pero en el torneo de Nueva York de 1924, Capablanca, que se había proclamado campeón un año antes, quedó muy por encima de Aliojin. Además, Capablanca ponía unas condiciones muy duras para participar en el campeonato. Alojin debía poner 10.000 dólares en la bolsa, 5.000 para premios y 5.000 para la organización. Debido a sus resultados no aparecían los mecenas que quisieran financiar su encuentro con Capablanca. En 1926 venció en los torneos de Scarborough, Buenos Aires y Birmingham.

Tras su segundo puesto en el torneo de Nueva York de 1927, que le daba derecho a retar a Capablanca, el gobierno argentino asumió todas las condiciones, a cambio de que la sede del encuentro fuese Buenos Aires, y en estas condiciones se produjo el encuentro. Nadie confiaba en las posibilidades de Aliojin. Capablanca era un héroe para toda América.

El encuentro por el título mundial comenzó el 16 de septiembre de 1927 en Buenos Aires (Argentina). Está considerado como uno de los enfrentamientos más espectaculares de la historia del ajedrez. Aliojin se preparó a conciencia: llegó a Buenos Aires semanas antes, llevó una vida intachable, con una dieta adecuada, ejercicio físico e incluso fucho a un maestro de ajedrez (Roberto Grau)para ayudarle a analizar las partidas. Mientras que Capablanca se dedicó a trasnochar y menospreciar la capacidad de su rival. Aliojin ganó la primer partida y Capablanca empezó a darse cuenta de que el Torneo no iba a ser un paseo militar suyo (libro: Perdido en Buenos Aires). La voluntad de ganar de Aliojin marcó la diferencia. Cuando llevaban disputadas 34 partidas Aliojin ganaba por 6 a 3. Capablanca envió un telegrama a Aliojin felicitándole por su victoria.

Lo que siguió a este hecho es ya otra historia.

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