Don Prudencio y la Bicha.

Esta historia relata lo que le pasó a Don Prudencio. Quien me la contó no deja de ser una anciana que en sus historias mezcla algo de verdad, algo que oyó, y algo que inventó.

Decía la Tía Paca, que Don Prudencio era, sin duda alguna, el hombre más sensato y trabajador de toda la comarca. Hombre respetado y respetuoso; nunca se le vio decir una palabra más alta de otra. Así que por todo ello, el dueño de la finca más grande del pueblo le contrató como capataz de la misma.

El trabajo era bueno, si bien con el sueldo no se podía mantener a una familia. Prudencio, de buena gana, hubiera trabajado en algún otro sitio. Pero el “señorito” le había dicho que estaría muy mal visto que su capataz tuviera otros empleos. La gente podía llegar a pensar que este no pagaba suficiente a su hombre de confianza.

De esta manera al bueno de Prudencio ni le dejaban trabajar, ni le dejaban comer.

Uno de esos días, de finales de octubre cuando empieza a arreciar los primeros fríos, iba Don Prudencio paseando por los campos para fiscalizar a la peonada y de paso revisar las tajaderas.

Para esa labor, y como era su costumbre, llevaba siempre una pala, de esas de mango de rama retorcida. Que lo mismo le servia para cavar, que para dar mandobles o ahuyentar a alguna fiera.

En estas que se sentó a la sombra de un castaño para echarse un pitillo y gobernar los riegos, ya que acababa de abrir una de las compuertas y no quería que el agua se le desmandase.

Enseguida D. Prudencio oyó una especie de siseo cercano a su árbol. Asió la pala sin mirar, para protegerse. Y cual no sería su sorpresa que lo que en la mano llevaba no era su retorcida pala sino toda un serpiente.

Rápidamente la tiro al suelo y como pudo cogió su instrumental para dar muerte al bicho. La bicha, en cambio, no hizo nada para atacarle… Y en cambio si pareció querer salvaguardar algo escondido detrás de una roca.

Cuando D. Prudencio le iba a asestar un golpe mortal, oyó que la bicha le decía: “No me mates por favor, tengo familia e hijos. Se nos hizo de día y no podemos llegar a nuestro pueblo sin ser vistos. Si me haces este favor, yo te premiare de por vida.”

D. Prudencio, que no era mala persona, la dejo ir y prefirió pensar que todo había sido un sueño.

La abuelas del contorno cuentan que, desde aquel mismo día a la familia de D. Prudencio todo le empezó a ir a las mil maravillas. Muchas mañanas fueron las que sus hijos encontraron en la puerta de la casa ropa recién tejida, pan recién horneado o algún guiso de patatas con carne. Si algún hombre les deseo o les dijo algo malo. Este sufría, días mas tarde, algún tipo de fiebre.

Por todo ello, la gente empezó a sentirse intimidada por la presencia de alguno de los miembros de la familia. Bueno por eso y por que dicen las malas lenguas que muchas noches de invierno se ha visto a D. Prudencio tener largas conversaciones con su pala… ¡Si, la de la rama retorcida!

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Lengua y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s