Pitas Payas y el libro del Buen Amor

No están de moda estos versos y por ello caen en el olvido. Más no por olvidados son menos ciertos. Aqueste libro inspira al novato, instruye al novensano, rige al casado y hace recordar al deshauciado.

Reza un dicho que la mujer, el molino y la huerta necesitan ser usados de continuo: el molino gana si está en funcionamiento; la “huerta mejor labrada da la mejor manzana”; y “mujer mucho seguida, siempre anda lozana”. Y por no saber o no entender este dicho el pobre Pitas Payas con astas acabó

Pitas Payas era un pintor de Bretaña, que se casó con una moza. No había pasado un mes de la boda,  cuando el pintor debe realizar un largo viaje a Flandes. Ella le pide que no le olvide. Él le pinta bajo el ombligo un pequeño cordero y se marcha. El marido tarda dos años en volver, mientras ella toma un amante. Durante este tiempo el dibujo se borra… “de usarlo, entiendase”. Cuando la mujer se entera que vuelve su marido, le pide a su amante que le pinte otro cordero; pero él, con las prisas, le pinta un carnero adulto, con cuernos y todo. Cuando el pintor ve el nuevo dibujo, le pide explicaciones a su esposa. Esta le contesta que si no hubiera tardado tanto en volver habría encontrado al cordero; pero después de dos años el cordero ha crecido y en carnero se ha convertido.

Así decía el libro del Buen Amor:

»No abandones tu dama, no dejes que esté quieta,
siempre requieren uso mujer, molino y huerta;
no quieren en su casa pasar días de fiesta,
no quieren el olvido; cosa probada y cierta.

»Es cosa bien segura: molino andando gana
huerta mejor labrada da la mejor manzana,
mujer muy requerida anda siempre lozana;
con estas tres verdades no obrarás cosa vana.

»Dejó uno a su mujer (te contaré la hazaña;
si la estimas en poco, cuéntame otra tamaña)
Era don Pitas Payas un pintor de Bretaña,
casó con mujer joven que amaba la compaña.

»Antes del mes cumplido dijo él: –Señora mía,
a Flandes volo ir; regalos portaría.

Dijo ella: –Monseñor; escoged vos el día,
mas no olvidéis la casa ni la persona mía.

»Dijo don Pitas Payas: –Dueña de la hermosura,
yo volo en vuestro cuerpo pintar una figura
para que ella os impida hacer cuelquier locura.

Contestó: Monseñor; haced vuestra mesura.

»Pintó bajo su ombligo un pequeño cordero
y marchó Pitas Payas cual nuevo mercadero;
estuvo allá dos años, no fue azar pasajero.
Cada mes a la dama parece un año entero.

»Hacía poco tiempo que ella estaba casada,
había con su esposo hecho poca morada;
un amigo tomó y estuvo acompañada,
deshízose el cordero, ya de él no queda nada.

»Cuando supo la dama que venía el pintor,
muy deprisa llamó a su nuevo amador;
dijo que le pintase, cual supiese mejor,
en aquel lugar mismo un cordero menor.

»Pero con la gran prisa pintó un señor carnero,
cumplido de cabeza, con todo un buen apero.
Luego, al siguiente día, vino allí un mensajero:
que ya don Pitas Payas llegaría ligero.

»Cuando al fin el pintor de Flandes fue venido,
su mujer, desdeñosa, fría le ha recibido:
cuando ya en su mansión con ella se ha metido,
la señal que pintara no ha echado en olvido.

»Dijo don Pitas Payas: -Madona, perdonad,
mostradme la figura y tengamos solaz.
-Monseñor -dijo ella-, vos mismo la mirad:
todo lo que quisieres hacet; hacedlo audaz.

»Miró don Pitas Payas el sabido lugar
y vio aquel gran carnero con armas de prestar.
¿Cómo, madona, es esto? ¿Cómo puede pasar
que yo pinté corder y encuentro este manjar?

»Como en estas razones es siempre la mujer
sutil y mal sabida, dijo: –¿Qué, monseñer?
¿Petit cordet; dos años, no se ha de hacer carner?
Si no tardaseis tanto aún sería cordel.

»Por tanto, ten cuidado, no abandones la pieza,
no seas Pitas Payas, para otro no se cueza;
incita a la mujer con gran delicadeza
y si promete al fin, guárdate de tibieza.

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2 respuestas a Pitas Payas y el libro del Buen Amor

  1. 123 dijo:

    aburrido

  2. La versión original:
    ENXIENPLO DE LO QUE CONTESÇIÓ Á DON PITAS PAYAS, PINTOR DE BRETAÑA

    Del qu’ olvyda la muger te diré la fazaña:
    sy vieres que es burla, dyme otra tan maña.
    Era don Pitas Payas un pyntor de Bretaña;
    casó con muger moça, pagávas’ de conpaña.

    Antes del mes cunplido dixo él: “Nostra dona,
    yo volo yr a Frandes, portaré muyta dona”.—
    Ella diz’: “Monsener, andés en ora bona;
    non olvidés casa vostra nin la mia presona”.—

    Dixol’ don Pitas Payas: “Doña de fermosura,
    yo volo fer en vos una bona fygura,
    porque seades guardada de toda altra locura”.—
    Ella diz’: “Monssener, fazet vuestra mesura”.—

    Pyntol’ so el onbligo un pequeno cordero.
    Fuese don Pitas Payas a ser novo mercadero.
    Tardó allá dos anos, muncho fue tardinero,
    façías’ le a la dona un mes año entero.

    Como era la moça nuevamente casada,
    avíe con su marido fecha poca morada;
    tomó un entendedor e pobló la posada,
    desfízos’ el cordero, que dél non fynca nada.

    Quando ella oyó que venía el pyntor,
    muy de priessa enbió por el entendedor;
    díxole que le pyntase, como podiesse mejor,
    en aquel logar mesmo un cordero menor.

    Pyntóle con la gran priessa un eguado carnero
    conplido de cabeça, con todo su apero;
    luego en ese día vino el menssajero:
    que ya don Pitas Payas desta venía çertero.

    Quando fue el pyntor ya de Frandes venido,
    ffue de la su muger con desdén resçebido;
    desque en el Palaçio ya con ella estido,
    la señal que l’ feziera non la echó en olvido.

    Dixo don Pitas Pajas: “Madona, sy vos plaz’
    Mostratme la figura e ¡aiam’ buen solaz!”—
    Diz’ la muger: “Monseñer, vos mesmo la catat:
    fey y ardidamente todo lo que vollaz”.—

    Cató don Pitas Payas el sobredicho lugar,
    e vydo grand carnero con armas de prestar.
    “¿Cómo, madona, es esto o cómo pode estar,
    que yo pynté corder, e trobo este manjar?”—

    Como en este fecho es syenpre la muger
    sotil e malsabyda, diz’: “¿Cómo, monsseñer,
    en dos anos petid corder non se fer carner?
    veniésedes tenprano: trobaríades corder”.—

    Por ende te castiga, non dexes lo que pides:
    non seas Pitas Payas, para otro non errides.
    Con dezires fermosos a la muger conbydes:
    desque telo prometa, guarda non lo olvides.

    Pedro levanta la lyebre e la mueve del covil,
    non la sygue nin la toma, faz’ como caçador vyl;
    otro Pedro que la sygue e la corre más sotil,
    tómala; esto contesçe a caçadores mill.

    Dyz’ la muger entre dientes: “Otro Pedro es aqueste.
    Más garçón e más ardit, que l’ primero que ameste:
    el primero apost déste non vale más que un feste,
    con aqueste e por éste faré yo, ¡sy Dios me preste!”.

    Otrosí quando vyeres a quien usa con ella,
    quier sea suyo o non, fáblale por amor della;
    sy podieres, dal’ algo, non le ayas querella:
    ca estas cosas pueden a la muger traella.

    Por byen poquilla cosa del tu aver, que l’ dyeres,
    servirt’ ha lealmente, fará lo que quisieres,
    fará por los dineros todo quanto pidieres:
    que poco o que mucho, dal’ cadaque podieres”.

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